{"id":91,"date":"2023-01-19T09:25:52","date_gmt":"2023-01-19T09:25:52","guid":{"rendered":"http:\/\/localhost\/wordpress\/?p=91"},"modified":"2023-01-20T23:03:37","modified_gmt":"2023-01-20T23:03:37","slug":"pequena-edad-de-hielo-en-vez-de-calentamiento-global","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/catriskconsultants.com.contraperiodismomatrix.com\/index.php\/2023\/01\/19\/pequena-edad-de-hielo-en-vez-de-calentamiento-global\/","title":{"rendered":"\u00bfPeque\u00f1a Edad de Hielo En Vez de Calentamiento Global?"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"150\" height=\"150\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/frozeneraglacial-150x150-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-208\"\/><\/figure>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">por Dr Theodor Landscheidt<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Schroeter Institute for Research in Cycles of Solar Activity<br>Klammerfelsweg 5, 93449 Waldmuenchen, Alemania<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Abstracto:<br><br>El an\u00e1lisis de la variable actividad solar en los \u00faltimos dos mil a\u00f1os indica que, contrariando a las especulaciones del IPCC acerca de un calentamiento global inducido por el hombre de 5,8\u00b0C en los pr\u00f3ximos cien a\u00f1os, se espera un largo per\u00edodo de clima fr\u00edo con su pico m\u00e1s fr\u00edo hacia el a\u00f1o 2030. Se muestra que el m\u00ednimo del ciclo Gleissberg de 80 a 90 a\u00f1os de la actividad solar, coincidentes con per\u00edodos de climas fr\u00edos en la Tierra, est\u00e1n ligados de manera consistente a un ciclo de 83 a\u00f1os en el cambio de la fuerza rotatoria que impulsa el movimiento de rotaci\u00f3n del Sol alrededor del centro de masa del sistema solar. Dado que el curso futuro de este ciclo, as\u00ed como sus amplitudes pueden ser computadas, se puede ver que el m\u00ednimo Gleissberg del a\u00f1o 2030 y otro alrededor del 2200, ser\u00e1n del tipo del M\u00ednimo Maunder, acompa\u00f1ados por un severo enfriamiento de la Tierra. Este pron\u00f3stico puede ser acertado ya que otros pron\u00f3sticos a largo plazo del fen\u00f3meno clim\u00e1tico, basados en el movimiento orbital c\u00edclico del Sol, han resultado ser correctos \u2013 como por ejemplo la predicci\u00f3n de los \u00faltimos tres eventos de El Ni\u00f1o, a\u00f1os antes de su ocurrencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>1. Introducci\u00f3n<br><\/strong><br>El continuado debate sobre el calentamiento global inducido por el hombre ha llegado a una etapa crucial. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Clim\u00e1tico (IPCC), establecido por las Naciones Unidas y la Organizaci\u00f3n Mundial Meteorol\u00f3gica (OMM), ya no publican m\u00e1s \u201cproyecciones de mejor estimaci\u00f3n\u201d del aumento de temperatura para el a\u00f1o 2100 causado por el aumento de la acumulaci\u00f3n de los gases de invernadero en la atm\u00f3sfera, sino que publica \u201cpeque\u00f1as historias\u201d para la prensa para especular sobre un calentamiento de hasta 5,8\u00b0C hasta el 2100. Los editores de la revista&nbsp;<em>Science<\/em>&nbsp;(2002), sin embargo, comenta sobre el incrementado n\u00famero de publicaciones que apuntan a la variada actividad solar como un fuerte factor en el cambio clim\u00e1tico:&nbsp;<em>\u201cA medida de que en los registros del clima pasado aparecen m\u00e1s y m\u00e1s contoneos que coinciden con los aumentos y disminuciones del bruillo del Sol, los investigadores est\u00e1 aceptando a rega\u00f1adientes y seriamente que el Sol es un factor en el cambio clim\u00e1tico. Han incluido la variabilidad del Sol en los c\u00e1lculos de sus simulaciones del calentamiento de los \u00faltimos 100 a\u00f1os. Y el Sol parece haber jugado un rol fundamental en el desencadenamiento de sequ\u00edas y eventos de fr\u00edos.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aquellos cient\u00edficos que est\u00e1n comenzando a reconocer \u201ca rega\u00f1adientes\u201d el rol fundamental del Sol en el cambio clim\u00e1tico, son conversos que creyeron en el dictamen del IPCC sobre que&nbsp;<em>\u201cel forzado solar es considerablemente m\u00e1s peque\u00f1o que las fuerzas radiativas antropog\u00e9nicas\u201d<\/em>, y su convicci\u00f3n de que&nbsp;<em>\u201clos niveles de la comprensi\u00f3n cient\u00edfica es muy bajo\u201d<\/em>, mientras que el forzado por parte de los bien mezclados gases de invernadero&nbsp;<em>\u201csiguien gozando de los m\u00e1s altos niveles de confianza\u201d<\/em>, en cuanto a su entendimiento cient\u00edfico de que&nbsp;<em>\u201cno es probable que el forzado natural pueda explicar el calentamiento en la segunda parte del Siglo 20.\u201d<\/em>&nbsp; En realidad, hubo una multitud de publicaciones desde el Siglo 19, y especialmente en las d\u00e9cadas recientes, que suministran evidencia de fuertes relaciones Sol-Tierra en la meteorolg\u00eda y el clima ignoradas por los proponentes del calentamiento global: (Koppen, 1873; Clough, 1905; Brooks; 1926; Scherhag, 1952; Bossolasco et al., 1973; Reiter, 1983; Eddy, 1976; Hoyt, 1979; Markson, 1980; Schuurmans, 1979; Landscheidt, 1981-2001; Bucha 1983; Herman and Goldberg, 1983; Neubauer 1983; Prohaska and Willett, 1983; Fairbridge and Shirley, 1987; Friis-Christensen and Lassen, 1991; Labitzke and van Loon, 1993; Haigh, 1996; Baliunas and Soon, 1995; Lassen and Friis-Christensen, 1995); Lau and Weng, 1995; Lean et al, 1995; Hoyt and Schatten, 1997; Reid, 1997; Soon et al. 1996; Svensmark and Friis-Christensen, 1997; White et al. 1997; Cliver et al., 1998; Balachandran et al., 1999; Shindell et al., 1999; van Geel et al., 1999; Berner, 2000; Egorova et al., 2000; Palle Bago and Butler, 2000; Tinsley, 2000; Hodell et al., 2001; Neff et al., 2001; Rozelot, 2001; Udelhofen and Cess, 2001; Pang and Yau, 2002; Yu, 2002)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El juicio del IPCC de que el factor solar es despreciable se basa en las observaciones satelitales disponibles desde 1979, que muestran que la irradiancia total del Sol, aunque no es constante, cambia solamente en un 0,1% durante el curso del ciclo de 11 a\u00f1os de las manchas solares. Este argumento, sin embargo, no tiene en cuenta que la actividad eruptiva del Sol (fulguraciones energ\u00e9ticas, eyecciones de masa de la corona, y prominencias eruptivas), que afectan fuertemente al viento solar, como tambi\u00e9n las m\u00e1s suaves contribuciones al viento solar por parte de agujeros en la corona, tienen un efecto mucho mayor que la irradiancia total. El flujo magn\u00e9tico total que parte del Sol, arrastrado por el viento solar, se ha incrementado por un factor de 2,3 desde 1901 (Lockwood et al., 1999), mientras que la temperatura global sobre la tierra se increment\u00f3 0,6\u00b0C. La energ\u00eda en el flujo solar es transferida al ambiente cercano a la Tierra por reconexiones magn\u00e9ticas, y directamente a la atm\u00f3sfera por part\u00edculas cargadas. Las fulguraciones solares energ\u00e9ticas aumentan la radiaci\u00f3n ultravioleta del Sol en por lo menos 16%. El ozono en la estrat\u00f3sfera absorbe este exceso de energ\u00eda, lo que causa un calentamiento local y perturbaciones en la circulaci\u00f3n. Los modelos de circulaci\u00f3n general desarrollados por Haigh (1966), Shindell et al., (1999), y Balachadran et al., (1999), confirman que los cambios de circulaci\u00f3n, inicialmente inducidos en la estrat\u00f3sfera, pueden penetrar en la trop\u00f3sfera e influenciar a la temperatura, presi\u00f3n del aire, circulaci\u00f3n de Hadley, y la ruta de las tormentas al cambiar la distribuci\u00f3n de grandes cantidades de energ\u00eda que ya estaban presentes en la atm\u00f3sfera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>2. Impacto de las erupciones solares sobre el tiempo y el clima<br><br><\/strong>Las contribuciones m\u00e1s fuertes a la intensidad del viento solar son las erupciones solares que crean las mayores velocidades del viento solar y ondas de choque que comprimen e itnesifican los campos magn\u00e9ticos en el plasma del viento solar. La figura 1, seg\u00fan Egorova )2000) demuestra el efecto de las erupciones solares sobre la temperatura y la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica. De 1982 hasta 1991, Egorova, Vovk, y Troshichev observaron la temperatura superficial (panel inferior) y la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica a una altura de 10 km (panel superior) en la estaci\u00f3n rusa Vostok en la Ant\u00e1rtida. Los peque\u00f1os c\u00edrculos vac\u00edos indican observaciones diarias superpuestas durante la estaci\u00f3n ivernal. La l\u00ednea s\u00f3lida describe el promedio de 10 inviernos. Los c\u00edrculos gordos indican eventos Forbush. \u00c9stos son fuertes disminuciones en la intensidad de los rayos c\u00f3smicos gal\u00e1cticos causadas por las en\u00e9rgicas erupciones solares, indicando que el evento respectivo ha influenciado fuertemente alambiente de la Tierra. Como se puede apreciar en la Figura 1, despu\u00e9s de los eventos Forbush, la temperatura casi siempre se elev\u00f3 por encima del promedio, a menudo alcanzando desviaciones de unos 20\u00b0C, mientras que la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica estuvo por encima del promedio en 8 de los 52 casos registrados. Estos 52 experimentos realizados por la Naturaleza y observados por el hombre, muestran una clara conexi\u00f3n entre las erupciones solares y una fuerte subida de la temperatura, para no mencionar la fuerte ca\u00edda en la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica. Ser\u00eda un ejercicio redundante enfatizar la significancia de este n\u00edtido resultado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-1 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"423\" height=\"540\" data-id=\"185\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig1L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-185\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><\/p>\n<cite><strong>Fig. 1: Se muestran las observaciones de la temperatura de superficie (panel inferior) y las presiones atmosf\u00e9ricas a una altura de 10 km (panel superior) en la estaci\u00f3n rusa Vostok de la Ant\u00e1rtida desde 1981 hasta 1991 (de Egorova et al., 2000). Los c\u00edrculos vac\u00edos peque\u00f1os indican observaciones diarias superpuestas durante la estaci\u00f3n invernal. La l\u00ednea s\u00f3lida describe el promedio de 10 inviernos. Los c\u00edrculos gordos indican eventos Forbush ocurridos dentro del intervalo de observaci\u00f3n. Se trata de fuertes disminuciones en la intensidad de los rayos c\u00f3smicos gal\u00e1cticos causadas por las en\u00e9rgicas erupciones solares. La temperatura casi siempre estuvo por encima del promedio despu\u00e9s de cada evento Forbush, a menudo alcanzando desviaciones de unos 20\u00b0C, mientras que la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica estuvo por encima del promedio en 8 de los 52 casos registrados. El impacto de las erupciones solares sobre la temperatura del aire y la presi\u00f3n atmosf\u00e9rica cercana a la tropopausa es obvio. Una investigaci\u00f3n sobre la significaci\u00f3n estad\u00edstica de esta relaci\u00f3n ser\u00eda redundante.<\/strong><\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n existe una convincente evidencia de que la actividad eruptiva del Sol tiene un fuerte efecto en los tr\u00f3picos. La Figura 2, seg\u00fan Neff et al., (2001), muestra un fuerte correlaci\u00f3n entre las erupciones generan al viento solar, y la circulaci\u00f3n atmosf\u00e9rica y las lluvias. El perfil oscuro representa variaciones del is\u00f3topo de ox\u00edgeno&nbsp;d<sup>18<\/sup>O) en una estalagmita fechada de Om\u00e1n. El registro&nbsp;d<sup>18<\/sup>O, que cubre m\u00e1s de 3000 a\u00f1os (9,5 a 6,1 Ka\u00f1os antes que hoy), sirve como proxy para el cambio en circulaci\u00f3n tropical y lluvias monz\u00f3nicas. El perfil brillante&nbsp;D<sup>14<\/sup>C muestra las desviaciones del radiocarbono derivadas del an\u00e1lisis de anillos de \u00e1rboles fechados. El nivel de producci\u00f3n de radiocarbono en la atm\u00f3sfera depende de la cambiante intensidad de los rayos c\u00f3smicos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A causa de la relaci\u00f3n inversa entre los rayos c\u00f3smicos y la actividad solar (los fuertes vientos solares forman un poderoso escudo magn\u00e9tico contra los rayos c\u00f3smicos mientras que un d\u00e9bil viento solar refleja menos rayos c\u00f3smicos) el registro del radiocarbono sirve como un proxy para la actividad solar. La mayor\u00eda de los cient\u00edficos piensan que esta informaci\u00f3n proxy est\u00e1 relacionada a la actividad de las manchas solares y f\u00e1culas ligadas a cambios relativamente d\u00e9biles de la irradiancia. En realidad, la informaci\u00f3n del radiocarbono es un proxy de la actividad eruptiva del Sol que genera al viento solar. Las erupciones solares en\u00e9rgicas no se agrupan alrededor del m\u00e1ximos de manchas solares. En la mayor\u00eda de los ciclos eluden la fase m\u00e1xima y pueden ocurrir hasta cerca del m\u00ednimo de manchas. El panel superior de la Figura 2 cubre el completo intervalo investigado mientras que el panel inferior muestra la casi perfecta sincronizaci\u00f3n entre la actividad eruptiva del Sol y la circulaci\u00f3n tropical en detalle.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-2 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"375\" height=\"463\" data-id=\"186\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig2L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-186\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 2: Estrecha correlaci\u00f3n entre las erupciones solares que generan al viento solar, y la circulaci\u00f3n tropical y las lluvias (de Neff et al., 2001). El perfil gris oscuro representa las variaciones del is\u00f3topo de ox\u00edgeno (<sup>18<\/sup>O) en una estalagmita fechada de Om\u00e1n que sirve como proxy para el cambio en la circulaci\u00f3n y lluvias monz\u00f3nicas. El perfil gris claro del&nbsp;<sup>14<\/sup>C muestra las desviaciones del radiocarbono derivadas del an\u00e1lisis de los anillos de \u00e1rboles fechados. El nivel de producci\u00f3n de radiocarbono en la atm\u00f3sfera depende de la cambiante intensidad de los rayos c\u00f3smicos. A causa de la relaci\u00f3n inversa entre los rayos c\u00f3smicos y la actividad solar, el registro del radiocarbono sirve como un proxy para la frecuencia y fuerza de las erupciones solares. El panel superior de la Figura 2 cubre el completo intervalo investigado mientras que el panel inferior muestra la casi perfecta sincronizaci\u00f3n entre la actividad eruptiva del Sol y la circulaci\u00f3n tropical en detalle.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Probetas del fondo de lagos de la Peninsula de Yucat\u00e1n muestran una correlaci\u00f3nsimilar, cubiendo m\u00e1s de 2000 a\u00f1os, entre sequ\u00edas recurrentes y el registro de radicarbono ligado a la actividad eruptiva del Sol )Hodell et al., 2001). Estos resultados recientes y muchos otros anteriores (Landscheidth, 1981-2001) documentan la importancia de la actividad eruptiva del Sol para el clima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>3. Largo del ciclo de 11 a\u00f1os y la temperatura en el Hemisferio Norte<br><\/strong><br>De hecho, es muy natural preguntarse si el Sol est\u00e1 jugando un rol fundamental en el cambio del clima porque el clima de la Tierra le debe su existencia al Sol, como tambi\u00e9n se lo deben el carb\u00f3n, el petr\u00f3leo, y la energ\u00eda del viento y del movimiento de las aguas. Si el gas de invernadero (CO<sub>2<\/sub>) fuese la causa dominante del observado aumento de la temperatura global, la tendencia de esta subida ser\u00eda similar al continuo aumento del CO<sub>2<\/sub>&nbsp;\u2013 tendencia mostrada en la Figura 3, seg\u00fan Peixoto y Oort (1992). Sin embargo, el curso de las temperaturas de tierra y aire del Hemisfero Norte, representadas por la l\u00ednea gruesa de la figura 4, no sigue a la tendencia del CO<sub>2<\/sub>. El aumento de la temperatura entre 1890 y 1940 fue m\u00e1s pronunciado y suave que en la actual fase de calentamiento desde principios de los a\u00f1os 80, a pesar de que la tasa de emisiones antropog\u00e9ncias durante el mismo tiempo era s\u00f3lo el 10% de la tasa actual. Desde 1940 hasta fines de los 60, las temperaturas estuvieron descendiendo a pesar del r\u00e1pido aumento de las emisiones del CO<sub>2<\/sub>&nbsp;antropog\u00e9nico.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-3 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"513\" height=\"315\" data-id=\"187\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig3L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-187\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 3: Series en el tiempo de la concentraci\u00f3n de CO<sub>2<\/sub>&nbsp;medidas en el Observatorio del Monte Mauna Loa de Hawaii (de Peixoto y Oort, 1992). Esta informaci\u00f3n est\u00e1 aceptada como reoresentativa para la tendencia global. La fig. 4 muestra que la tendencia al constante crecimiento del CO<sub>2<\/sub>&nbsp;no se ajusta a los altibajos del clima observado.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Al contrario que la curva de CO<\/em><sub>2<\/sub><em>&nbsp;de la Figura 3, la fina curva de la figura 4 seg\u00fan Friis-Christensen y Lassen (1991), que representa al largo suavizado del ciclo de 11 a\u00f1os de las manchas solares, sigue las ondulaciones de la temperatura observada. El largo del ciclo de manchas solares (LCS) es un indicador de la actividad eruptiva del Sol. Cuando Gleissberg (1958) investig\u00f3 por primera vez al LCS, bas\u00f3 su serie de tiempos originales del LCS (yendo hacia atr\u00e1s hasta el a\u00f1o 300 DC), en el n\u00famero de auroras boreales observadas que se sabe que est\u00e1n ligadas a las fuertes erupciones solares. Encontr\u00f3 que los ciclos cortos van de la mano con los m\u00e1ximos de las manchas solares y fuerte actividad eruptiva, mientras que los ciclos largos se caracterizan por un m\u00e1ximo b\u00e1jo y menos erupciones en el Sol. Cuando Gleissberg suaviz\u00f3 su serie de tiempos de LCS, emergi\u00f3 un ciclo secular de 80 a 90 a\u00f1os que modula las amplitudes del ciclo 11 a\u00f1os de las manchas de Sol. Este ciclo secular, llamado as\u00ed en honor de Gleissberg, est\u00e1 indicado por la l\u00ednea delgada en la figura 4.<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-4 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"460\" height=\"329\" data-id=\"189\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig4L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-189\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 4: Hay una estrecha correlaci\u00f3n entre las temperaturas del tierra a nivel de superficie en el Hemisferio Norte (l\u00ednea gruesa) y el cambiante largo del ciclo de manchas solares de 11 a\u00f1os (l\u00ednea delgada), indicando la variable intensidad de la activiada eruptiva del Sol (de Friis-Christensen y Lassen, 1991). Al contrario que la curva de la figura 3, que representa el constante aumento del di\u00f3xido de carbono en la atm\u00f3sfera, la delgada l\u00ednea de la actividad solar var\u00eda en concordancia con las ondulaciones de las temperaturas observadas.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Una mirada m\u00e1s atenta revela que casi todos los m\u00ednimos Gleissberg hasta el a\u00f1o 300 DC, como por ejemplo cerca de 1670 (M\u00ednimo Maunder), 1810 (M\u00ednimo Dalton), y 1895, coinciden con climas muy fr\u00edos en el Hemisferio Norte, mientras que los M\u00e1ximos Gleissberg van junto a climas c\u00e1lidos, por ejemplo hacia 1130 (\u00d3ptimo Clim\u00e1tico Medieval). El grado de cambio de temperatura era proporcional a las respectivas amplitudes del ciclo Gleissberg. Durante el M\u00ednimo Maunder la actividad solar fue m\u00ednima, y durante el \u00d3ptimo Clim\u00e1tico Medieval la actividad fue muy elevada, probablemente m\u00e1s que en las seis d\u00e9cadas de intensa actividad solar antes de 1996. Consecuentemente, Friis-Christensen y Lassen (1995) demostraron que la conexi\u00f3n entre las temperaturas del aire en superficie del Hemisferio Norte y el variable LCS se extiende hacia atr\u00e1s hasta el siglo 16. Butler (1966) corrobor\u00f3 estos resultados para las dos \u00faltimas centurias del Norte de Irlanda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>4. Relaci\u00f3n predecible entre las erupciones solares y la temperatura global<br><\/strong><br>La figura 5, seg\u00fan Adler y El\u00edas (2000) presenta una extendida replicaci\u00f3n de los resultados de la Figura 4. Los LCS (c\u00edrculos llenos), m\u00e1xima densidad de electrones ionosf\u00e9ricos en el respectivo ciclo solar de 11 a\u00f1os (signos +), las anomal\u00edas de temperaturas del Hemisferio Norte (tri\u00e1ngulos vac\u00edos), y anomal\u00edas de temperaturas registradas en San Miguel del Tucum\u00e1n, Argentina (c\u00edrculos vac\u00edos) muestran una covariation estad\u00edsticamente significativa. El \u00faltimo valor en la serie de tiempos de los LCS parece indicar un movimiento descendente, un cambio de ciclos cortos a ciclos m\u00e1s largos, mientras que las otras tres curvas siguen a su tendencia creciente. A partir de esta divergencia, Thejll y Lassen (2000) sacaron la conclusi\u00f3n que el impacto de la actividad solar sobre el clima, prevaleciente durante siglos, s\u00fabitamente deja de ser v\u00e1lida. Saltar a esa conclusi\u00f3n, simplemente no est\u00e1 justificado. Thejill u Lassen no toman en consideraci\u00f3n que la temperatura viene retrasada varios a\u00f1os por detr\u00e1s de la actividad solar. Esto puede verse en la figura 5 cerca del a\u00f1o 1930.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-5 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"500\" height=\"335\" data-id=\"190\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig5L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-190\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 5: Replicaci\u00f3n del resultado presentado en la Figura 4 (de Adler y El\u00edas, 2000). Largo del ciclo solar (c\u00edrculos llenos), densidad m\u00e1xima de electrones ionosf\u00e9ricos en el respectivo ciclo de manchas de 11 a\u00f1os (signos +), las anomal\u00edas de temperaturas del Hemisferio Norte (tri\u00e1ngulos vac\u00edos), y anomal\u00edas de temperaturas registradas en San Miguel del Tucum\u00e1n, Argentina (c\u00edrculos vac\u00edos) muestran una covariation significativa. Como se explic\u00f3 en el texto, el movimiento hacia abajo al final de la curva del LSC no indica que no haya m\u00e1s un efecto de la actividad solar sobre el clima.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>El LSC es un indicador grosero de la actividad eruptiva del Sol. Los \u00edndices de perturbaciones geomagn\u00e9ticas son mejores indicadores, en especial porque ellos miden la respuesta a esas erupciones solares que verdaderamente afectan a la Tierra. El \u00edndice&nbsp;<\/em><strong><em>aa<\/em><\/strong><em>&nbsp;de Mayaud de actividad geomagn\u00e9tica es homog\u00e9neo y cubre el largo per\u00edodo desde 1868 hasta el presente. La Figura 6 de Landscheidt (2000), ploteando este \u00edndice, muestra claramente que las temperaturas globales de tierra y de la superficie de los oc\u00e9anos vienen retrasadas con respecto a las tormentas geomagn\u00e9ticas, causadas por las en\u00e9rgicas erupciones del Sol. La curva s\u00f3lida muestra el \u00edndice&nbsp;<\/em><strong><em>aa<\/em><\/strong><em>, la curva de rayas es la combinaci\u00f3n de las anomal\u00edas en las temperaturas superficiales de tierras y mares. Los datos anuales fueron sujetos a un repetido suavizado de tres puntos. La temperatura se retrasa de 4 a 8 a\u00f1os con respecto a&nbsp;<\/em><strong><em>aa<\/em><\/strong><em>, pero sigue las ondulaciones de la curva&nbsp;<\/em><strong><em>aa<\/em><\/strong><em>. La conexi\u00f3n entre el extremo frontal&nbsp;<strong>aa<\/strong>&nbsp;y los m\u00e1ximos de temperaturas que le siguen por detr\u00e1s est\u00e1n destacados por n\u00fameros id\u00e9nticos. Una perturbaci\u00f3n de la correlaci\u00f3n hacia 1940 apunta a un excepcional forzado interno. Entre 1942 y 1952 se observ\u00f3 el m\u00e1s marcado crecimiento de la actividad volc\u00e1nica desde 1860 (Shimkin et al., 1981). El retraso de los datos de la temperatura sugiere que algo de la energ\u00eda en exceso, ligado a la actividad solar, est\u00e1 almacenado y acumulado en el sistema clim\u00e1tico por procesos que llevan a\u00f1os. Los oc\u00e9anos son candidatos a causa de su inercia t\u00e9rmica (Hoyt, 1979; White et al., 1997)<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-6 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"659\" height=\"425\" data-id=\"191\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig6L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-191\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Figura 6: La curva s\u00f3lida muestra el&nbsp;<em>\u00edndice aa<\/em>&nbsp;de la actividad geomagn\u00e9tica, reflejando el efecto cerca de la Tierra de las erupciones solares en\u00e9rgicas. La curva de rayas plotea una combinaci\u00f3n de anomal\u00edas de la temperatura de las superficies de tierra y mares. Los datos anuales fueron sujetos a un repetido suavizado de tres puntos. La temperatura se retrasa de 4 a 8 a\u00f1os con respecto a&nbsp;<em>aa<\/em>, pero sigue las ondulaciones de la curva&nbsp;<em>aa<\/em>. La conexi\u00f3n entre el extremo frontal&nbsp;<em>aa<\/em>&nbsp;y los m\u00e1ximos de temperaturas que le siguen por detr\u00e1s est\u00e1n destacados por n\u00fameros id\u00e9nticos. Una perturbaci\u00f3n de la correlaci\u00f3n hacia 1940 apunta a un excepcional forzado interno.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>La Figura 7 de Landscheidt (2000) es una extensi\u00f3n de la informaci\u00f3n de la Figura 6. Se puede ver que la curva&nbsp;aa&nbsp;alcanza su m\u00e1ximo m\u00e1s alto, marcado por el n\u00famero 7, alrededor de 1990 y muestra a continuaci\u00f3n una fuerte declinaci\u00f3n. Permitiendo un retraso de 8 a\u00f1os, el m\u00e1ximo m\u00e1s alto de la curva de las temperaturas globales deber\u00eda haber ocurrido hacia 1998. Este fue el a\u00f1o con la mayor temperatura superficial observado desde la instalaci\u00f3n de los servicios meteorol\u00f3gicos internacionales. La relaci\u00f3n en la Fig. 7 apunta a un enfriamiento global en los a\u00f1os posteriores a 1998, con la excepci\u00f3n del per\u00edodo alrededor del El Ni\u00f1o que comenz\u00f3 en 1992, pronosticado con tres a\u00f1os de anticipaci\u00f3n al evento (Landscheidt, 1998, 2000, 2002). De manera reveladora, este pron\u00f3stico y la correcta predicci\u00f3n a largo plazo de los dos El Ni\u00f1os anteriores fueron basados en fases especiales de los ciclos solares que van acompa\u00f1ados de acumulaciones de erupciones solares (Landscheidt, 1995).<\/em><\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-7 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"655\" height=\"413\" data-id=\"192\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig7L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-192\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 7: Extensi\u00f3n de la informaci\u00f3n de la Figura 6. &nbsp;La curva&nbsp;<em>aa<\/em>&nbsp;alcanza su m\u00e1ximo m\u00e1s alto, marcado por el n\u00famero 7, alrededor de 1990 y muestra a continuaci\u00f3n una fuerte declinaci\u00f3n. Permitiendo un retraso de 8 a\u00f1os, el m\u00e1ximo m\u00e1s alto de la curva de las temperaturas globales deber\u00eda haber ocurrido hacia 1998. Este fue el a\u00f1o con la mayor temperatura superficial observado desde la instalaci\u00f3n de los servicios meteorol\u00f3gicos internacionales. Esta relaci\u00f3n apunta a un prolongado enfriamiento global. Como se ver\u00e1, se espera que la actividad solar disminuya durante tres d\u00e9cadas. Esto contradice la argumentaci\u00f3n de Thjell y Lassen (2000) y de los defensores del IPCC, de que el impacto del Sol sobre el clima ha disminuido desde hace d\u00e9cadas.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>5. Predicci\u00f3n de los ciclos Gleissberg basados<br>en las oscilaciones baric\u00e9ntricas del Sol.<br><\/strong><br>La variabilidad del Sol est\u00e1 registrada en probetas extraidas de las capas de hielo. El flujo de los rayos c\u00f3smicos est\u00e1 modulado por el viento solar, cuya intensidad est\u00e1 ligada a las erupciones solares. Durante los per\u00edodos de elevada actividad eruptiva, el flujo de rayos c\u00f3smicos a la atm\u00f3sfera se ve reducido de modo que la tasa de producci\u00f3n de radionucleidos tales como&nbsp;<sup>14<\/sup>C y&nbsp;<sup>10<\/sup>Be resulta disminuida, y viceversa. La mayor\u00eda de los radioncleidos son retirados de la atm\u00f3sfera por las precipitaciones h\u00famedas y almacenados casi permanentemente en las capas de hielo, principalmente en las regiones Polares. El an\u00e1lisis de tales probetas de hielo revelan extensos per\u00edodos de actividad solar excepcionalmentes altos o bajos que coinciden con fases de r\u00e1pidos cambios del clima (Beer, 2000). El registro anual de&nbsp;<sup>10<\/sup>Be \u201cDye 3\u201d que se remonta hasta 1423 es de un especial inter\u00e9s en esta conexi\u00f3n ya que refleja el ciclo Gleissberg de 80-90 a\u00f1os y su relaci\u00f3n con el clima (Beer et al., 1994).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El pron\u00f3stico de fen\u00f3menos naturales es una de las metas m\u00e1s importantes de las ciencias naturales. Dado que hay fuertes indicaciones de una confiable conexi\u00f3n entre los m\u00ednimos y m\u00e1ximos en el ciclo Gleissberg y los per\u00edodos fr\u00edos y c\u00e1lidos del clima, estamos enfrentados al problema de c\u00f3mo hacer predicciones a largo plazo en los extremos del ciclo Gleissberg. El conocimiento de su largo real no es una verdadera ayuda al respecto, ya que el ciclo var\u00eda de 40 a 120 a\u00f1os. Afortunadamente, yo he demostrado por d\u00e9cadas que la variante actividad solar est\u00e1 ligada a ciclos en su oscilaci\u00f3n irregular alrededor del centro de masas del sistema solar. Como esos ciclos est\u00e1n conectados con el fen\u00f3meno del clima, y pueden ser calculados para siglos, ofrecen un medio para pronosticar m\u00ednimos y m\u00e1ximos en el ciclo Gleissberg y las co-variantes fases de clima fr\u00edo y c\u00e1lido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La teor\u00eda del d\u00ednamo solar desarrollada por Babcock, la primera y rudimentaria teor\u00eda de la actividad solar, parte de la premisa que la din\u00e1mica del ciclo de manchas solares est\u00e1 dirigida por la rotaci\u00f3n del Sol. Sin embargo, esta teor\u00eda s\u00f3lo toma en cuenta el momento de giro del Sol (spin momentum), relacionado con la rotaci\u00f3n alrededor de su eje, pero no toma en cuenta su momento angular orbital ligado a su muy irregular oscilaci\u00f3n alrededor del centro de masas (CM) del sistema solar. La Figura 8 muestra el movimiento fundamental, descrito por Newton hace tres siglos. Est\u00e1 regulado por la distribuci\u00f3n en el espacio de las masas de los planetas gigantes J\u00fapiter, Saturno, Urano y Neptuno. El ploteo muestra las posiciones ecl\u00edpticas relativas del centro de masas (c\u00edrculos peque\u00f1os) y el centro del Sol (+) para los a\u00f1os de 1945 a 1995 en un sistema de coordenadas helioc\u00e9ntricas.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-8 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"560\" height=\"609\" data-id=\"193\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig8L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-193\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Figura 8: La oscilaci\u00f3n irregular del Sol alrededor del centro de masas del sistema solar en una perspectiva helioc\u00e9ntrica. La rama del Sol est\u00e1 marcada por una circunferencia gruesa. La posici\u00f3n del centro de masas relativa al centro del Sol (+) en los a\u00f1os respectivos, est\u00e1 marcada por c\u00edrculos peque\u00f1os. Las fuertes variaciones en las cantidades f\u00edsicas que miden el movimiento orbital del Sol forman ciclos de diferentes largos, pero de funciones similares en las relaciones Solares-terrestres.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La gran circunferencia de l\u00ednea gruesa marca la superficie del Sol. &nbsp;La mayor parte del tiempo, el CM se encuentra fuera del cuerpo del Sol. Las amplias oscilaciones con distancias de hasta 2,2 radios solares entre los dos centros est\u00e1n seguidas por estrechas \u00f3rbitas que pueden resultar en encuentros cercanos de los centros, como en 1951 y 1990. La contribuci\u00f3n del momento angular orbital del Sol a su momento angular total no es insignificante. Puede llegar al 25 por ciento del momento de giro. El momento angular orbital var\u00eda desde -0.1\u00b710<sup>47<\/sup>&nbsp;a 4.3\u00b7 10<sup>47<\/sup>&nbsp;g cm<sup>2&nbsp;<\/sup>s<sup>-1<\/sup>, o inversamente, lo que es un aumento o disminuci\u00f3n de m\u00e1s de 40 veces (Landscheidt, 1988). Por ello es que resulta concebible que estas variaciones est\u00e9n relacionadas con fen\u00f3menos variables en la actividad del Sol, especialmente si se considera que el momento angular del Sol juega un rol importante en la teor\u00eda d\u00ednamo de la actividad magn\u00e9tica solar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las variaciones de m\u00e1s del 7% en la velocidad de rotaci\u00f3n ecuatorial del Sol, junto con las variaciones en la actividad solar, fueron observadas a intervalos irregulares (Landscheidt, 1976, 1984). Esto podr\u00eda explicarse si hubiese una transferencia del momento angular de la \u00f3rbita del Sol al giro sobre su eje. Estuve proponiendo tal acoplamiento giro-\u00f3rbita durante d\u00e9cadas (Landscheidt, 1984, 1986). Parte del acoplamiento podr\u00eda ser el resultado del movimiento del Sol a trav\u00e9s de sus propios campos magn\u00e9ticos. Como lo mostr\u00f3 Dicke (1964), la baja corona puede actuar como un freno en la superficie del Sol. Los planetas gigantes, que regulan el movimiento del Sol alrededor del CM, cargan con m\u00e1s del 99 por ciento del momento angular en el sistema solar, mientras que el Sol est\u00e1 confinado a menos del 1 por ciento. Entonces existe un gran potencial para que el momento angular pueda ser transferido desde los planetas exteriores al Sol que se traslada en su \u00f3rbita y al Sol que gira sobre su eje.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juckett (2000) ha desarrollado un modelo de intercambio de momentum entre giro-\u00f3rbita que explica los fen\u00f3menos asim\u00e9tricos bien establecidos en los Hemisferios Norte y Sur del Sol, e identifica los cambios en el radio del giro (spin) solar en los diferentes hemisferios como un mecanismo de transferencia de momento. Una aceleraci\u00f3n Coriolis, centrada en el Sol, podr\u00eda tener un efecto perturbador adicional en el flujo de plasma en el Sol, especialmente porque desarrolla grandes discontinuidades cuando el centro del Sol se ubica cerca del CM, como en 1951 y 1990 (Blizard, 1987).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>6. Los Pron\u00f3sticos de la actividad solar y del clima<br>confirman la validez de los ciclos de movimiento solar.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas consideraciones te\u00f3ricas han sido corroboradas por resultados pr\u00e1cticos. Las predicciones basadas en los ciclos del movimiento del Sol resultaron ser correctas. Mis predicciones a largo plazo de las clases muy precisamente definidas de fulguraciones de en\u00e9rgicos rayos-X y fuertes tormentas geomagn\u00e9ticas, cubriendo el per\u00edodo entre 1979 \u2013 1985, alcanzaron una tasa total de aciertos del 90 por ciento, a pesar de que esos eventos muestran una distribuci\u00f3n muy irregular. Estas predicciones fueron controladas y comprobadas por el Space Environoment Center, Boulder, y el astr\u00f3nomo Gleisser, W\u00f6hl y Pfleiderer (Landscheidt, 1986; Landscheidt y W\u00f6hl, 1986). Tambi\u00e9n se predijo correctamente las grandes tormentas geomagn\u00e9ticas de 1982 y 1990 muchos a\u00f1os antes de que se produjeran. Tambi\u00e9n predije en 1984 (Landscheidt, 1986, 1987) que la actividad del Sol disminuir\u00eda despu\u00e9s de 1990. Esto simplemente sucedi\u00f3. Aunque un panel de expertos (Joselyn, 1997) hab\u00eda predicho en 1996 y a\u00fan dos a\u00f1os despu\u00e9s, que el ciclo 23 de manchas solares tendr\u00eda una gran amplitud similar a los ciclos previos (n\u00famero suavizado m\u00e1s alto de manchas solares&nbsp;<em>R<\/em>&nbsp;= 160), la actividad observada fue mucho m\u00e1s d\u00e9bil (<em>R<\/em>&nbsp;= 120).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mis predicciones clim\u00e1ticas basadas en los ciclos del movimiento del Sol soportaron la prueba. Predije correctamente el final de la sequ\u00eda del Sahel tres a\u00f1os antes de que ocurriese, los cuatro \u00faltimos m\u00e1ximos en las anomal\u00edas de la temperatura global, el m\u00e1ximo para el \u00edndice de sequ\u00edas Palmer para los EEEUU hacia 1999, las descargas extremas del R\u00edo P\u00f3 hacia principios del 2001, y los \u00faltimos tres El Ni\u00f1os, como tambi\u00e9n el curso de la \u00faltima La Ni\u00f1a (Landscheidt, 1983-2002). Esta habilidad para las predicciones, basadas \u00fanicamente en los ciclos de la actividad solar, es irreconciliable con la afirmaci\u00f3n del IPCC de que no parece probable que los forzamientos naturales puedan explicar el calentamiento en la \u00faltima mitad del Siglo 20.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>7. El ciclo de 166 a\u00f1os en la variaci\u00f3n de la fuerza<br>de rotaci\u00f3n dirige el movimiento orbital del Sol<br><\/strong><br>La din\u00e1mica del moviemiento del Sol alrededor del centro de masas puede ser definido cuantitativamente por el cambio en su momento angular orbital&nbsp;<em>L<\/em>. La tasa de tiempo del cambio en&nbsp;<em>L<\/em>&nbsp;es medida por su primera derivada d<em>L<\/em>\/d<em>t<\/em>. Define a la fuerza rotatoria, el par (o \u201ctorque\u201d) &lt;&gt;T, que dirige al movimiento del Sol alrededor del CM. Las variaciones en la fuerza rotatoria definida por la derivada d<em>T\/<\/em>d<em>t<\/em>&nbsp;son una cantidad clave en esta cocnexi\u00f3n ya que hacen posible predecir m\u00e1ximos Gelissberg para cientos de a\u00f1os y a\u00fan milenios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un ciclo de 166 a\u00f1os y su segunda arm\u00f3nica de 83 a\u00f1os emergen cuando la tasa de tiempo de cambio en el par d<em>T<\/em>\/d<em>t&nbsp;<\/em>es sujeta al an\u00e1lisis de frecuencia (Landscheidt, 1983). Ciclos de este largo, aunque no son bien conocidos, fueron mencionados antes en la literatura cient\u00edfica. Brier (1979) encontr\u00f3 un per\u00edodo de justo 83 a\u00f1os en el coseno de trasformaci\u00f3n de 2148 autocorrelaciones de 2628 n\u00fameros mensuales de manchas solares. Cole (1973) confirm\u00f3 este fresultado cuando investig\u00f3 el espectro de poder de la informaci\u00f3n de manchas solares cubriendo 1626-1968- Encontr\u00f3 a un pico dominante en los 84 a\u00f1os. Juckett, (2000) deriv\u00f3 per\u00edodos de 165 y 84 a\u00f1os a partir de este modelo de momento de intercambio de giro-\u00f3rbita en el movimoento del Sol. Como el largo de onda del ciclo Gelissberg no est\u00e1 lejos de la segunda arm\u00f3nica del ciclo de 166 a\u00f1os, sugiere por s\u00ed mismo que se vea si el ciclo Gleissberg y el ciclo d<em>T<\/em>\/d<em>t<\/em>&nbsp;tienen m\u00ednimos y m\u00e1ximos sincronizados. Este es veraderamente el asunto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gleissberg (1958) encontr\u00f3 al ciclo que lleva su nombre al suavizar el largo del ciclo de 11 a\u00f1os de las manchas solares, un par\u00e1metro que est\u00e1 s\u00f3lo indirectamente relacionado con el n\u00famero de manchas&nbsp;<em>R<\/em>&nbsp;que mide la intensidad de la actividad de las manchas. Como podr\u00eda ser posible que los menores o mayores valores de los extremos positivos y negativos del ciclo d<em>T<\/em>\/d<em>t<\/em>&nbsp;tienen una funci\u00f3n param\u00e9trica similar, las amplitudes de estos m\u00e1ximos y m\u00ednimos se considera que constituyen una serie suavizada de tiempo que cubre 2000 a\u00f1os. El intervalo es entre los a\u00f1os 300 y 2300. Los datos fueron procesados con kernel Gaussiano suavizado de ventana movible (Lorczak) con un ancho de banda de 60.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Figura 9 muestra el resultado para el sub-per\u00edodo 300-1200. Hasta la inversi\u00f3n de fase ocurrida hacia el 1120, indicada por la flecha, las fases cero del ciclo de 166 a\u00f1os (marcadas por c\u00edrculos vac\u00edos), coinciden dentro de un relativamente estrecho margen con el m\u00e1ximo del ciclo Gleissberg, indicado por los tri\u00e1ngulos rellenos. La desviaci\u00f3n de la fase cero del m\u00e1ximo secular es s\u00f3lo m\u00e1s ancha cerca de la inversi\u00f3n de fase. Las \u00e9pocas de m\u00ednimos Gleissberg est\u00e1n indicadas por tri\u00e1ngulos vac\u00edos. Hasta la inversi\u00f3n de fase, van de manera consistente junto a los extremos del ciclo de 166 a\u00f1os. No hay ninguna diferencia si los extremos son positivos o negativos. Esto es reminiscente del ciclo de 11 a\u00f1os de manchas solares con sus amplitudes exclusivamente positivas, aunque el completo ciclo magn\u00e9tico Hale de 22 a\u00f1os muestra amplitudes positivas y negativas que indican diferentes polaridades magn\u00e9ticas en ciclos de 11 a\u00f1os consecutivos.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-9 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"615\" height=\"407\" data-id=\"194\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig9L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-194\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 9: Serie de tiempos suavizada (a\u00f1os 300 al 1200) de extremos en el cambio de la fuerza rotatoria orbital del Sol d<em>T<\/em>\/d<em>t<\/em>&nbsp;formando un ciclo con un largo promedio de 166 a\u00f1os. Hasta la inversi\u00f3n de fase ocurrida hacia el 1120, indicada por la flecha, las fases cero del ciclo de 166 a\u00f1os (marcadas por c\u00edrculos vac\u00edos), coinciden dentro de un relativamente estrecho margen con el m\u00e1ximo del ciclo Gleissberg, indicado por los tri\u00e1ngulos rellenos. Los m\u00ednimos en el ciclo Gleissberg, marcados por tri\u00e1ngulos vac\u00edos, van junto con los extremos en el ciclo de 166 a\u00f1os. La inversi\u00f3n de fase explica el extraordinario M\u00e1ximo Medieval del n\u00famero de manchas solares. El m\u00e1ximo secular hacia el 1100 fue seguido por otro m\u00e1ximo hacia el 1130 sin un m\u00ednimo intermedio. Como los M\u00e1ximos Gleissberg coinciden con los climas c\u00e1lidos y los m\u00ednimos con los climas fr\u00edos, el m\u00e1ximo Medieval de manchas solares estuvo relacionado con un clima excepcionalmente c\u00e1lido.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La evaluaci\u00f3n de las \u00e9pocas de m\u00ednima y m\u00e1xima hecha por Gleissberg (1958) est\u00e1 basada en datos de la actividad de las auroras boreales hecha por Schove (1955). Hartmann (1972) ha derivado valores promedio de la \u00e9pocas a partir de datos elaborados por Gleissberg, Schove, Link y Henkel. Estas fechas fueron usadas en las figuras 9 y 10. Un an\u00e1lisis que cubre 7.000 a\u00f1os de datos confirman no s\u00f3lo al ciclo promedio de 166 a\u00f1os, sino tambi\u00e9n al intervalo promedio de 83 a\u00f1os entre extremos consecutivos de m\u00ednimos y m\u00e1ximos. La inversi\u00f3n de fase de \u00f0\/2 radianes hacia el 1120 tuvo el efecto que, un m\u00e1ximo Gleissberg hacia el 1100 fue seguido por otro m\u00e1ximo hacia el 1300, sin un m\u00ednimo solar intermedio. Esto explica al M\u00e1ximo Medieval de manchas solares indirectamente confirmado por evidencia de radiocarbono (Siscoe, 1978).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La Figura 10 muestra el per\u00edodo 900-2300 del ciclo de 166 a\u00f1os. Despu\u00e9s de la inversi\u00f3n de fase del 1120, todos los M\u00e1ximos Gleissberg marcados por tri\u00e1ngulos rellenos, coinciden bastante estrechamente con los extremos de la curva para cientos de a\u00f1os, pero alrededor de 1976 el patr\u00f3n cambi\u00f3 otra vez a causa de una nueva inversi\u00f3n de fase de \u00f0\/2 radianes. Despu\u00e9s de un M\u00e1ximo Gleissberg hacia 1952, un segundo M\u00e1ximo Gleissberg ocurri\u00f3 hacia 1984 sin un m\u00ednimo secular intermedio. S\u00f3lo el \u00fanico ciclo 20 de 11 a\u00f1os, al medio entre el m\u00e1ximo secular, mostr\u00f3 una menor actividad de las manchas solares, mientras que los ciclos 18, 19, 21 y 22 alcanzaron muy altos niveles de actividad. El promedio de m\u00e1ximos de los cinco ciclos 18 al 22 es&nbsp;<em>R<\/em>&nbsp;= 156, un valor no observado antes de manera directa. Tenemos que remontarnos hasta el M\u00e1ximo Medieval, basados en informaci\u00f3n proxy, para encontrar un patr\u00f3n similar. Las inversiones de fase, indicadas en la figura 10 por las flechas, explican heur\u00edsticamente estos rasgos especiales que ocurrieron solamente 2 veces en casi 17 siglos. El reciente M\u00e1ximo Gleissberg ocurrido hacia 1984 es el primero en una larga secuencia de m\u00e1ximas conectadas con fases cero en el ciclo de 166 a\u00f1os, cuatro de los cuales est\u00e1n marcados por c\u00edrculos vac\u00edos en la figura 10. Los pr\u00f3ximos m\u00e1ximos Gleissberg deber\u00edan ocurrir hacia el a\u00f1o 2069, 2159 y 2235.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-10 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"615\" height=\"415\" data-id=\"195\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig10L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-195\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 10: Las mismas series de tiempo de de la figura 9 para los a\u00f1os 900-2300. Despu\u00e9s de la inversi\u00f3n de fase del 1120, todos los M\u00e1ximos Gleissberg marcados por tri\u00e1ngulos rellenos, van de manera consistente con los extremos en el ciclo de 166 a\u00f1os, mientras que los m\u00ednimos Gleissberg caen al ciclo cero. Otra inversi\u00f3n de fase hacia 1976 cambi\u00f3 otra vez el patr\u00f3n. Despu\u00e9s de un M\u00e1ximo Gleissberg hacia 1952, un segundo M\u00e1ximo Gleissberg ocurri\u00f3 hacia 1984 sin un m\u00ednimo intermitente secular entre ellos. El efecto fue un gran m\u00e1ximo de manchas solares comparable al extraordinario m\u00e1ximo de alrededor del 1120. El cambio de fase hacia 1976 invirti\u00f3 el patr\u00f3n creado por la inversi\u00f3n de fase del 1120. El m\u00e1ximo Gleissberg de 1984 es el primero de una larga secuencia de m\u00e1ximas que van junto a fases cero en el ciclo de 166 a\u00f1os. Los pr\u00f3ximos m\u00e1ximos deber\u00edan ocurrir para el 2069, 2159, y 2235. Despu\u00e9s de 1976, los m\u00ednimos Gleissberg ir\u00e1n nuevamente junto a los extremos en el ciclo de 166 a\u00f1os. El pr\u00f3ximo m\u00ednimo secular, indicado por un tri\u00e1ngulo vacio, es esperado para el 2030. Los pr\u00f3ximos m\u00ednimos deber\u00edan ocurrir hacia el 2122 y 2201. La figura muestra que el ciclo Gleissberg se comporta como un oscilador biestable. La fase actual deber\u00eda durar por lo menos hasta el 2500. A causa del v\u00ednculo entre los ciclos Gleissberg y el clima, se pueden predecir los futuros per\u00edodos de climas fr\u00edos y c\u00e1lidos para cientos de a\u00f1os hacia el futuro. La pr\u00f3xima fase fr\u00eda es esperada para el 2030.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de la inversi\u00f3n de fase de 1976, se espera que las m\u00ednimas seculares coincidan con extremos en el ciclo de 166 a\u00f1os. De modo que el pr\u00f3ximo m\u00ednimo Gleissberg deber\u00eda ocurrir hacia el 2030, como lo indica el tri\u00e1ngulo vac\u00edo. Los siguientes m\u00ednimos seculares se esperan para el 2122 y el 2201. El pron\u00f3stico de un m\u00ednimo para el 2030 est\u00e1 corroborado por un acercamiento diferente. S\u00fdkora et al. (2000) encontraron que las variaciones en el brillo de la l\u00ednea verde de la corona son una indicaci\u00f3n a largo plazo para la actividad del Sol. Ellos afirman que&nbsp;<em>\u201cestamos en las v\u00edsperas de un profundo m\u00ednimo de la actividad solar similar al del Siglo 19.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>8. Predicciones de inversi\u00f3n de fases en el ciclo de 166 a\u00f1os<br><\/strong><br>Los resultados presentados indican que el ciclo Gleissberg es un oscilador biestable capaz de asumir cualquiera de los dos estados. La transici\u00f3n entre estos estados parece estar gatillado por fases especiales en el ciclo de 166 a\u00f1os que indica las inversiones de fase. Atrae la atenci\u00f3n que las inversiones de fase mostradas en la figura 10 ocurren justo antes del profundo extremo negativo relativo al respectivo ambiente. Esto apunta a umbrales cuantitativos que son confirmados por un caso adicional. El extraordinario extremo negativo que precede al M\u00e1ximo Medieval cae hacia el a\u00f1o 50. Justo alrededor de esta fecha ocurri\u00f3 el cl\u00edmax del tercer gran m\u00e1ximo de manchas solares en los pasados 2.000 a\u00f1os, como lo indica una fuerte disminuci\u00f3n del&nbsp;<sup>14<\/sup>C (Eddy, 1977). De manera reveladora, este per\u00edodo coincide con el \u00d3ptimo Clim\u00e1tico Romano, tanto o m\u00e1s caliente que el \u00d3ptimo Climatico Medieval (Sch\u00f6nwiese, 1979). hay argumentos adicionales de una naturaleza m\u00e1s t\u00e9cnica sobre c\u00f3mo predecir inversiones de fase en el ciclo d<em>T\/<\/em>d<em>t<\/em>&nbsp;(Landscheidt, 1983). Todos los indicadores muestran que la nueva inversi\u00f3n de fase no ocurrir\u00e1 antes del 2500. De manera que el actual patr\u00f3n deber\u00eda continuar durante cientos de a\u00f1os, y el pr\u00f3ximo M\u00ednimo Gleissberg deber\u00eda estar ligado a la pr\u00f3xima fase cero en el d<em>T\/<\/em>d<em>t<\/em>-cycle in 2030.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>9. Pron\u00f3stico de profundos m\u00ednimos Gleissberg<br>y clima fr\u00edo alrededor del 2030 y el 2200<br><\/strong><br>Una pregunta a\u00fan m\u00e1s dif\u00edcil es si los futuros M\u00ednimos Gleissberg ser\u00e1n del tipo regular con actividad solar moderadamente reducida como en 1895, o del tipo de muy baja actividad como el M\u00ednmo Dalton hacia 1810, o del tipo de gran m\u00ednimo que casi extingui\u00f3 toda actividad solar, como durante el nadir del M\u00ednimo Maunder hacia 1670, el M\u00ednimo Spoerer hacia el 1490, el M\u00ednimo Wolf hacia el 1320, y el M\u00ednimo Norman hacia el 1010 (Stuiver and Quay, 1981). La Fig. 11 ofrece una soluci\u00f3n heru\u00edstica. Muestra a la serie de tiempo de extremos d<em>T<\/em>\/d<em>t<\/em>&nbsp;sin suavizado para el intervalo 1000 \u2013 2250. La consistente regularidad atrae nuestra atenci\u00f3n. Se observa que cada vez que la amplitud de un extremo negativo pasa por debajo de un umbral bajo, indicado por la l\u00ednea de rayas horizontal, esto coincide con un per\u00edodo de actividad solar excepcionalmente d\u00e9bil.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-gallery has-nested-images columns-default is-cropped wp-block-gallery-11 is-layout-flex wp-block-gallery-is-layout-flex\">\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"609\" height=\"405\" data-id=\"196\" src=\"https:\/\/catriskconsultants.com\/wp-content\/uploads\/2023\/01\/Fig11L-1.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-196\"\/><\/figure>\n<\/figure>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Fig. 11: Serie de tiempos de los extremos sin suavizar de los cambios en la fuerza rotatoria orbital del Sol d<em>T<\/em>\/d<em>t<\/em>&nbsp;para los a\u00f1os 1.000 \u2013 2250. Se observa que cada vez que la amplitud de un extremo negativo pasa por debajo del umbral inferior, indicado por la l\u00ednea horizontal de rayas, esto coincide con un per\u00edodo de actividad solar excepcionalmente d\u00e9bil. Dos extremos negativos consecutivos que trasponen el umbral indican un Gran M\u00ednimo, como los M\u00ednimos Maunder (hacia 1670), Spoerer (1490), Wolf (1320), y Norman (1010), mientras que un \u00fanico extremo por debajo del umbral va junto a eventos del tipo del M\u00ednimo Dalton (1810 y 1170), no tan severos como los Grandes M\u00ednimos. De manera que los M\u00ednimos Gleissberg del 2030 y 2200 deber\u00edan ser del tipo M\u00ednimo Maunder. Como el clima est\u00e1 estrechamente ligado a la actividad solar, las condiciones hacia el 2030 y 2200 deber\u00edan acercarse a las del nadir de la Peque\u00f1a Edad de Hielo del 1670. Como se explica en el texto, la hip\u00f3tesis del IPCC de un calentamiento global inducido por el hombre no est\u00e1 en la l\u00ednea de esta predicci\u00f3n basada exclusivamente en la actividad eruptiva del Sol. Los extraordinarios extremos positivos tienen una funci\u00f3n similar en relaci\u00f3n a per\u00edodos excepcionalmente calientes como el \u00d3ptimo Medieval y el per\u00edodo c\u00e1lido moderno.<\/strong><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dos extremos negativos consecutivos traspasando el umbral inferior indican un Gran M\u00ednimo del tipo Maunder, mientras que un \u00fanico extremo por debajo del umbral va junto a eventos del tipo M\u00ednimo Dalton. Los Grandes M\u00ednimos de la figura 11 est\u00e1n indicados por sus nombres. El \u00fanico extremo m\u00ednimo alrededor del 1170 es del tipo Dalton. Durante este tiempo, la actividad solar se amortigu\u00f3, pero esta disminuci\u00f3n no fue duradera. De acuerdo a Lamb (1977), que se fij\u00f3 en el registro de is\u00f3topos de ox\u00edgeno del norte de Groenlandia provisto por Dansgaard, ocurri\u00f3 un per\u00edodo de s\u00fabito enfriamiento al final del Siglo 12. De manera que he llamado a este profundo M\u00ednimo Gleissberg en su honor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La figura 11 muestra que la actividad solar de notable intensidad y tambi\u00e9n los correspondientes per\u00edodos c\u00e1lidos en la Tierra, est\u00e1n indicados por los extremos de d<em>T<\/em>\/d<em>t.<\/em>&nbsp;Como un ejemplo, el \u00d3ptimo Medieval est\u00e1 indicado por una flecha. Debe notarse que la extraordinaria amplitud positiva hacia el 1200 es mayor que la amplitud hacia 1952 y 1984, indicando a los modernos m\u00e1ximos Gleissberg ligados a un calentamiento no tan elevado como el del 1120 (Sch\u00f6nwiese, 1979). M\u00e1s detalles de esta relaci\u00f3n ser\u00e1n presentados pr\u00f3ximamente en otros lugares.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin excepci\u00f3n, los extraordinarios extremos negativos coinciden con per\u00edodos de actividad solar excepcionalmente d\u00e9biles y vice versa. De manera hay buenas razones para esperar que el pr\u00f3ximo M\u00ednimo Gelissberg del 2030 ser\u00e1 uno profundo. Como hay tres extremos consecutivos por debajo del umbral cuantitativo, hay una gran probabilidad de que el evento ser\u00e1 del tipo Maunder. Esto tambi\u00e9n es cierto para el m\u00ednimo del 2201, mientras que el del 2122 deber\u00e1 ser del tipo regular como se ve en la figura 11.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se ha demostrado que existe una estrecha relaci\u00f3n entre los profundos M\u00ednimos Gleissberg y el clima fr\u00edo. De manera que la probabilidad es muy elevada de que el M\u00ednimo Gleissberg del 2030 y 2201 ir\u00e1n acompa\u00f1ados de per\u00edodos de clima fr\u00edo comparables al nadir de la Peque\u00f1a Edad de Hielo. En cuanto al m\u00ednimo del 2030, hay indicaciones adicionales de que se espera un enfriamiento global en vez de un calentamiento global. La Oscilaci\u00f3n Decadal del Pac\u00edfico (ODP) mostrar\u00e1 valores negativos hasta quiz\u00e1s el 2016 (Landscheidt, 2001), y Las Ni\u00f1as ser\u00e1n m\u00e1s frecuentes y fuertes que los El Ni\u00f1o hasta el 2018 (Landscheidt, 2000).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Los resultados heur\u00edsticos derivados del ciclo de 166 a\u00f1os no est\u00e1n a\u00fan corroborados por una detallada cadena de causa y efecto. El progreso al respecto ser\u00e1 dificultoso ya que las teor\u00edas de la actividad solar y las del cambio clim\u00e1tico est\u00e1n todav\u00eda en una etapa rudimentaria de su desarrollo, aunque hay progresos en cuanto a la explicaci\u00f3n f\u00edsica de especiales relaciones Sol-Tierra (Haig, 1996; Tinsley y Yu, 2002). A pesar de ello, la conexi\u00f3n con la din\u00e1mica del sistema solar, el largo de la informaci\u00f3n involucrada que cubre miles de a\u00f1os, y los habilidosos pron\u00f3sticos de la actividad solar y eventos clim\u00e1ticos construidos sobre los mismo cimientos, hablan de la confiabilidad del pron\u00f3stico de los pr\u00f3ximos M\u00ednimos Gleissberg y su impacto sorbe el clima.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>10. Hip\u00f3tesis del IPCC del calentamiento antropog\u00e9nico<br>no est\u00e1 en el camino del enfriamiento global.<br><\/strong><br>No espero que los efectos de los gases de invernaderos antropog\u00e9nicos eliminar\u00e1n la predominancia del Sol. Si esos efectos fuesen tan fuertes como pretende el IPCC, mis diversos pron\u00f3sticos lim\u00e1ticos, basados exculsivamente en la actividad solar, no habr\u00edan tenido ninguna probabilidad de haber resultado correctos. M\u00e1s a\u00fan, ya que mis pron\u00f3sticos cubren a\u00f1os y d\u00e9cadas recientes del calentamiento que, de acuerda al IPCC no pueden ser explicados por el forzamiento natural.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Las \u201chistorias\u201d del IPCC, lejos de las predicciones que se practican en otros campos de la ciencia, son casi exclusivamente apoyados por corridas de&nbsp;<em>Modelos de Circulaci\u00f3n General<\/em>&nbsp;(MCG). Estos modelos est\u00e1n basados en el mismo tipo de ecuaciones diferenciales no lineales que llev\u00f3 a Lorenz a reconocer en 1961 que las predicciones del tiempo a largo plazo son imposibles por la extremada sensibilidad de la atm\u00f3sfera a las condiciones iniciales. No es concebible que el \u201cEfecto Mariposa\u201d deba desaparecer cuando el rango de la predicci\u00f3n de unos pocos d\u00edas es extendida a d\u00e9cadas y siglos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Algunos climat\u00f3logos conceden que hay un problema. Sch\u00f6nwiese (1994) hace notar:&nbsp;<em>\u201cConsecuentemente, deber\u00edamos llegar a la conclusi\u00f3n de que el cambio clim\u00e1tico no puede ser predicho (por los MCG). Es correcto que los variados y complejos procesos en la atm\u00f3sfera no pueden ser predichos m\u00e1s all\u00e1 del l\u00edmite te\u00f3rico de un mes a trav\u00e9s de c\u00e1lculos paso a paso en los modelos de circulaci\u00f3n, ni ahora ni tampoco en el futuro. Sin embargo existe la posibilidad de una predicci\u00f3n condicional. La condici\u00f3n es que un factor especial dentro de la compleja relaci\u00f3n causa-efecto es tan fuerte que claramente domina a todos los otros factores. Adem\u00e1s, el comportamiento de ese \u00fanico y dominante factor causal tiene que ser predecible con certeza, o a un alto grado de probabilidad.\u201d<\/em>&nbsp;Una mirada a la literatura muestra que estas condiciones no se cumplen. M\u00e1s a\u00fan, existen dificultades t\u00e9cnicas y matem\u00e1ticas. Peixoto y Oort (1992) comentan apropiadamente:&nbsp;<em>\u201cLa integraci\u00f3n de un modelo totalmente acoplado que incluya a la atm\u00f3sfera, oc\u00e9ano, tierras y criosfera con escalas de tiempo internos muy diferentes imponen dificultades casi insuperables para alcanzar la soluci\u00f3n final, a\u00fan cuando todos los procesos fuesen completamente comprendidos.\u201d<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De manera que no resulta sorprendente que los pron\u00f3sticos v\u00e1lidos de MCG sean una&nbsp;<em>especie rara<\/em>. Las hip\u00f3tesis del IPCC sobre el calentamiento global requieren que la radiaci\u00f3n de onda larga al espacio se reduzca a causa de la acumulaci\u00f3n de gases de invernadero. En realidad, los sat\u00e9lites han observado una tendencia al incremento de la radiaci\u00f3n de onda larga en los tr\u00f3picos durante las \u00faltimas dos d\u00e9cadas (Wielicki et al., 2002). Los MCG predicen mayores aumentos de temperatura con el aumento de la distancia desde el Ecuador, pero las observaciones no muestran un cambio neto en las regiones polares durante las \u00faltimas cuatro d\u00e9cadas (Comiso, 2000; Przybylak, 2000; Venegas and Mysak, 2000). De acuerdo a los datos m\u00e1s reciente, la Ant\u00e1rtida se ha enfriado de manera considerable (Doran et al., 2002) en vez de haberse calentado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">De fundamental importancia es la discrepancia entre los pron\u00f3sticos de los MCG y observaciones como la evaporaci\u00f3n. A\u00fan si las consideraciones te\u00f3ricas del IPCC fuesen correctas, el CO2 podr\u00eda manejar s\u00f3lo 0.88\u00b0C de calentamiento para dentro de m\u00e1s de un siglo. Esta peque\u00f1a cantidad de calentamiento, sin embargo, aumentar\u00eda la evaporaci\u00f3n en la superficie y elevar\u00eda la concentraci\u00f3n de vapor de agua, por lejos el m\u00e1s poderoso gas de invernadero en la atm\u00f3sfera. De acuerdo a los modelos clim\u00e1ticos, esta realimentaci\u00f3n positiva causar\u00eda un calentamiento mucho m\u00e1s grande que s\u00f3lo el CO2 y otros d\u00e9biles gases de invernadero. De manera que es crucial para las hip\u00f3tesis de calentamiento del IPCC que la observaci\u00f3n muestre una disminuci\u00f3n de la evaporaci\u00f3n en el Hemisferio Norte durante los \u00faltimos 50 a\u00f1os, en lugar de su pronosticado aumento (Roderick and Farquhar (2002). Hay muchos otros puntos, pero ir\u00edan mucho m\u00e1s all\u00e1 del marco de este estudio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>11. Perspectiva<br><\/strong><br>No necesitamos esperar hasta el 2030 para ver si la predicci\u00f3n del pr\u00f3ximo M\u00ednimo Gleissberg es correcta. Mucho antes de alcanzar el punto m\u00e1s bajo del desarrollo, deber\u00eda hacerse manifiesta una tendencia declinante en la actividad solar y las temperaturas globales. El actual ciclo 23 de manchas solares, con su actividad considerablemente m\u00e1s d\u00e9bil, parece ser la primera indicaci\u00f3n de la nueva tendencia, especialmente porque fue pronosticada en base a los ciclos de movimientos del Sol hacen ya dos d\u00e9cadas. En cuanto a la temperatura, s\u00f3lo los per\u00edodos de El Ni\u00f1o deber\u00edan interrumpir la tendencia hacia abajo, pero hasta los Ni\u00f1os podr\u00edan hacerse menos frecuentes y fuertes. El resultado de este ulterior pron\u00f3stico clim\u00e1tico a largo plazo, basado \u00fanicamente en la actividad solar puede considerarse como una l\u00e1pida para las hip\u00f3tesis del IPC sobre el calentamiento inducido por el hombre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>Referencias<br><\/strong><br>Adler, N. O. de and El\u00edas, A. G. (2000): Solar variability associated to ionospheric, stratospheric, and tropospheric parameters. In: V\u00e1zquez , M. and Schmieder, B, ed.: The solar cycle and terrestrial climate. European Space Agency, Special Publication463, 509-512.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Balachandran, N. K., Rind, D., and Shindell, D. T. (1999): Effects of solar cycle variability on the lower stratosphere.J. Geophys. Res. 104, 27321-27339.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Baliunas, S. und Soon, W. (1995): Are variations in the length of the activity cycle related to changes in brightness in solar-type stars? Astrophys. 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New York, van Nostrand Reinhold, 415-420.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bossolasco, M., Dagnino, I., Elena, A. und Flocchini, G. (1973): Thunderstorm activity and interplanetary magnetic field. Riv. Italiana Geofis. 22, 293.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Brier, G. W. (1979): Use of the difference equation methods for predicting sunspot numbers. In: B. M. McCormac und T. A. Seliga, ed.: Solar-terrestrial influences on weather and climate. Dordrecht, Reidel, 209-214.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Brooks, C. E. P. (1926): The relations of solar and meteorological phenomena \u2013 A summary of the literature from 1914 to 1924. Paris, First Report of the Commission for the Study of Solar and Terrestrial Relationships, ICSU, 66-100.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Bucha, V. (1983): Direct relations between solar activity and atmospheric circulation. Studia geophysica et geodaetica 27, 19-45.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Butler, C. J. (1996): A two-century comparison of sunspot cycle length and temperature change \u2013 the evidence from Northern Ireland. In: ESEF The Global Warming Debate. Cambridge, European Sciencce and Environment Forum, 215-223.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cliver, E. W., Boriakoff, V., Feynman, J. (1998): Solar variability and climate change:Geomagnetic aa index and global surface temperature. Geophys. Res. Lett. 25, 1035-1038.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cole, T. W. (1973): Periodicities in solar activity. Solar Phys. 30, 103-110.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Comiso, J. C. (2000): Variability and trends in Antarctic surface temperatures from in situ and satellite infrared measurements. J. Climate 13, 1674-1696.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dicke, R. H.: The sun\u2019s rotation and relativity. Nature 202 (1964), 432.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Doran, P. D., Priscu, J. C., Lyons, W. B., Walsh, J. E., Fountain, A. G., McKnight, D. M., Moorhead, D. L., Virginia, R. A., Wall, D. H., Clow, G. D., Fritsen, C. H., McKay, C. P., and Parsons, A. N. (2002): Antarctic climate cooling and terrestrial ecosystem response. Nature 415, 517-520.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Eddy, J. A. (1977): Climate and the changing sun. Clim. Change 1, 173-190.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Egorova, L. Y., Vovk, V. Ya., and Troshichev, O. A. (2000): Influence of variations of cosmic rays on atmospheric pressure and temperature in the Southern pole region. J. Atmos. Solar-Terr. Phys. 62, 955-966.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Fairbridge, R. W. and Shirley, J. H. (1987): Prolonged minima and the 179-year cycle of the solar inertial motion. Solar Physics 110, 191-220.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Friis-Christensen, E. and Lassen, K. (1991): Length of the solar cycle: an indicator of solar activity closely associated with climate. Science 254, 698-700.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Gleissberg, W. (1958): The 80-year sunspot cycle. J. Brit. Astron. Ass. 68, 150.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Haigh, J. D.(1996): On the impact of solar variability on climate. Nature 272, 981-984.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hartmann, R. (1972): Vorl\u00e4ufige Epochen der Maxima und Minima des 80-j\u00e4hrigen Sonnenfleckenzyklus. Ver\u00f6ff. Astr. Inst. Univ. Frankfurt 50, 118.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Herman, J. R. and Goldberg (1978): Sun, weather, and climate. New York, Dover Publications.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hodell, D. A., Brenner, M., Curtis, J. H., and Guilderson, T. (2001): Solar forcing of drought frequency in the Maya lowlands. Science 292, 1367-1370.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoyt, D. V. (1979): Variations in sunspot structure and climate. Clim. Change 2, 79-92.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoyt, D. V. and Schatten, K. H. (1997): The role of the sun in climate change. New York-Oxford, Oxford University Press, 1997.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Joselyn, J. A. (1997): EOS. Trans. Geophys. Union 78, 210.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Juckett, D. A. (2000): Solar activity cycles, north\/south asymmetries, and differential rotation associated with spin-orbit variations. Solar Phys. 191, 201.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Labitzke, K. und van Loon, H. (1993): Some recent studies of probable connection between solar and atmospheric variability. Ann. Geophysicae 11, 1084.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lamb, H. H. (1977): Climate: Present, past, and future. Vol. 2: Climatic history and the future. London, Methuen, p. 430.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T.(1976): Beziehungen zwischen der Sonnenaktivit\u00e4t und dem Massenzentrum des Sonnensystems. Nachr. D. Olbersgesellschaft Bremen 100, 3-19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1981): Swinging sun, 79-year cycle, and climatic change. J. interdiscipl. Cycle Res. 12, 3-19.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1983): Solar oscillations, sunspot cycles, and climatic change. In: McCormac, B. M., ed.: Weather and climate responses to solar variations. Boulder, Associated University Press, 293-308.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1984): Cycles of solar flares and weather. In: Moerner, N.A. und Karl\u00e9n, W., eds..: Climatic changes on a yearly to millenial basis. Dordrecht, D. Reidel, 475, 476.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1986 a): Long-range forecast of energetic x-ray bursts based on cycles of flares. In: Simon, P. A., Heckman, G., and Shea, M. A., eds.: Solar-terrestrial predictions. Proceedings of a workshop at Meudon, 18.-22. Juni 1984. Boulder, National Oceanic and Atmospheric Administration, 81-89.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1986 b): Long-range forecast of sunspot cycles. In: Simon, P. A., Heckman, G. and Shea, M. A., eds.: Solar-terrestrial predictions. Proceedings of a workshop at Meudon, 18.-22. Juni 1984. Boulder, National Oceanic and Atmospheric Administration, 48-57.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1987): Long-range forecasts of solar cycles and climate change. In: Rampino, M. R., Sanders, J. E., Newman, W. S. and K\u00f6nigsson, L. K., eds.: Climate. History, Periodicity, and predictability. New York, van Nostrand Reinhold, 421-445.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1988): Solar rotation, impulses of the torque in the Sun\u2019s motion, and climatic variation. Clim. Change 12, 265-295.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T.(1990): Relationship between rainfall in the northern hemisphere and impulses of the torque in the Sun\u2019s motion. In: K. H. Schatten and A. Arking, eds.: Climate impact of solar variability. Greenbelt, NASA, 259-266.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T.(1995a): Global warming or Little Ice Age? In: Finkl, C. W., ed.: Holocene cycles. A Jubilee volume in celebration of the 80th birthday of Rhodes W. Fairbridge. Fort Lauderdale, The Coastal Education and Research Foundation (CERF), 371-382.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1995b): Die kosmische Funktion des Goldenen Schnitts. In: Richter, P. H., ed.: Sterne, Mond und Kometen. Bremen, Hauschild, 240-276.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1998 a): Forecast of global temperature, El Ni\u00f1o, and cloud coverage by astronomical means. In: Bate, R., ed.: Global Warming. The continuing debate. Cambridge, The European Science and Environment Forum (ESEF), 172-183.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1998 b): Solar activity \u2013 A dominant factor in climate dynamics.<a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/solar\/solar.htm\"><br>http:\/\/www.john-daly.com\/solar\/solar.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1999 a): Solar activity controls El Ni\u00f1o and La Ni\u00f1a.<br><a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/sun-enso\/sun-enso.htm\">http:\/\/www.john-daly.com\/sun-enso\/sun-enso.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (1999 b): Extrema in sunspot cycle linked to Sun\u2019s motion. Solar Physics 189, 413-424.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2000 a): Solar forcing of El Ni\u00f1o and La Ni\u00f1a. In: V\u00e1zquez , M. and Schmieder, B, ed.: The solar cycle and terrestrial climate. European Space Agency, Special Publication 463, 135-140.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2000 b): Solar wind near Earth: Indicator of variations in global temperature. In: V\u00e1zquez, M. and Schmieder, B, ed.: The solar cycle and terrestrial climate. European Space Agency, Special Publication 463, 497-500.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2000 c): River Po discharges and cycles of solar activity. Hydrol. Sci. J. 45, 491-493.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2000 d): Sun\u2019s role in the satellite-balloon-surface issue.<a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/solar\/temps.htm\"><br>http:\/\/www.john-daly.com\/solar\/temps.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2000 e): New confirmation of strong solar forcing of climate.<br><a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/po.htm\">http:\/\/www.john-daly.com\/po.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2001 a): Solar eruptions linked to North Atlantic Oscillation.<br><a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/theodor\/solarnao.htm\">http:\/\/www.john-daly.com\/theodor\/solarnao.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2001 b): Trends in Pacific Decadal Oscillation subjected to solar forcing.<br><a href=\"http:\/\/www.john-daly\/theodor\/pdotrend.htm\">http:\/\/www.john-daly\/theodor\/pdotrend.htm.<\/a><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. (2002): El Ni\u00f1o forecast revisited.&nbsp;<a href=\"http:\/\/www.john-daly.com\/sun-enso\/revisited.htm\">http:\/\/www.john-daly.com\/sun-enso\/revisited.htm<\/a>.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Landscheidt, T. und W\u00f6hl, H. (1986): Solares Aktivit\u00e4tsminimum erst 1989\/90? Sterne und Weltraum, 584.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lassen, K. and Friis-Christensen, E. (1995): Variability of the solar cycle length during the past five centuries and the apparent association with terrestrial climate. J. Atmos. Sol. Terr. Phys., 835.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lau, K. M. and Weng, H. (1995): Climate signal detection using wavelet transform. Bull. Am. Meteorol. Soc. 76, 2391-2402.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lean, J., Beer, J., and Bradley, R. (1995): Reconstruction of solar irradiance since 1610: implications for climate change. Geophys. Res. Lett. 22, 3195-3198.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Lockwood, R., Stamper, R., and Wild, M. N. (1999): A doubling of the Sun\u2019s coronal magnetic field during the past 100 years. Nature 399, 437-439.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Neubauer, L. 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A., Robertson, F., Susskind, J., and Jacobowitz, H. (2002): Evidence of large decadal variability in the tropical mean radiative energy budget. Science 295, 841-844.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Wigley, T. M. L. (1988): The climate of the past 10,000 years and the role of the sun. In:Stephenson, F. R., Wolfendale, A. W. (eds.), Secular Solar and Geomagnetic Variations in the Last 10,000 Years. Kluwer, Dordrecht.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Yu, F. (2002): Altitude variations of cosmic ray induced production of aerosols: Implications for global cloudiness and climate. Geophys. Res. 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